Semilla certificada cereal en agricultura - Grano sostenible
 
 
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"La semilla certificada es un producto de calidad de primer orden"

Grano Sostenible entrevista a Luis Fuentes, técnico de cereales de la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (ANOVE).

-¿Por qué decimos que la semilla certificada es la mejor opción?

La semilla certificada es un producto de calidad de primer orden, estandarizado y de reconocimiento internacional. Esta calidad está garantizada por el doble control ejercido tanto por la empresa productora como por el organismo oficial responsable, de modo que este control ofrece unas garantías en relación a su origen, trazabilidad, homogeneidad, pureza específica, pureza varietal, germinación, ausencia de otras semillas no deseadas en la siembra, sanidad, humedad, etc. Por tanto, es el único material de reproducción que asegura al agricultor la identidad varietal que resulta más adecuada en su explotación, potencia el mayor rendimiento posible de cosecha por hectárea y reduce en gran medida la propagación de malas hierbas entre parcelas de cultivo.

-¿Cuáles son las ventajas principales que aporta?

Además de garantizar la calidad de este medio de producción, tan básico en la explotación agrícola, el empleo de semilla certificada supone, por u lado, un ahorro significativo en la dosis de siembra empleada, como consecuencia de la garantía de la germinación que ofrece la semilla certificada. Esto se ve recompensado con una necesidad menor de dosis de siembra por hectárea. Se estima que las dosis de siembra necesaria cuando no se utiliza semilla certificada debe incrementarse entre un 10% y hasta un 20%, frente a cuando si se utiliza semilla certificada.

También un ahorro en el tiempo invertido en la preparación de la semilla. Con la semilla certificada se evita al agricultor tener que destinar un tiempo significativo en acondicionar el grano de su propia cosecha o en tratamientos fitosanitarios poscosecha.

Asimismo, una menor necesidad de espacio disponible en almacén. El agricultor evita disponer de un elevado espacio donde almacenar la semilla durante los meses que trascurren desde la cosecha hasta la siembra.

También se da un incremento en los rendimientos, pues asegura la producción y mejora la cosecha; las semillas están seleccionadas y tratadas para garantizar una buena implantación del cultivo; hay una disminución en la aparición de malas hierbas en la parcela, pues esta semilla garantiza una pureza específica. Por el contrario, el grano acondicionado puede contener semillas de malas hierbas las cuales, al incorporarse en la parcela con la siembra, se desarrollarán y competirán por el consumo de distintos recursos indispensables para el cultivo como es el agua, nutrientes y luz.

Se apoya la inversión en I+D del sector obtentor. La semilla certificada hace posible la inversión en programas de investigación para la creación de nuevas variedades. Estas nuevas variedades son y serán la garantía del progreso y de la mejora de la producción agrícola.

El proceso de investigación y el desarrollo de una nueva variedad tienen un coste y duración muy elevados. Se estima que poner a disposición del mercado una nueva variedad requiere diez o más años de trabajo, y supone un coste medio de 1 millón de euros por variedad.

 El desarrollo de nuevas variedades sólo es posible con una inversión continua en los programas de investigación. La industria de semillas es con diferencia la que más invierte de su cifra de facturación en I+D, aproximadamente un 25%, seguido muy de lejos de otras industrias como la biotecnología (13%), farmacia (13%), software (13%) o equipos electrónicos (6%).

La semilla es el medio de producción más económico y que más ha condicionado la evolución de los incrementos en los rendimientos agrarios.

Se mejora también en seguridad alimentaria. La certificación de semillas es un elemento imprescindible para asegurar desde su origen la trazabilidad de los alimentos.

Se innova en los sistemas de producción y comercialización de cereales. Una cooperativa o almacenista que suministra semilla certificada a sus agricultores conocerá con antelación, a la hora de comercializar su cereal, las calidades y cantidades que va a disponer, mejorando por tanto su organización y planificación.

Contribuye al desarrollo rural. La producción de semilla certificada es una actividad industrial de valor añadido.

Es un elemento básico en los sistemas de producción industrial. La industria organiza cadenas de producción de alimentos desde la semilla, el cultivo, su almacenamiento y transformación. Estos sistemas, que son bien conocidos en otros productos como las hortícolas, se están introduciendo en el sector de los cereales (pastas, pizzas, harinas, etc.).

Y permite que el sector y la Administración dispongan de información fiable sobre qué se produce, dónde, cuándo, para qué usos, etc. Esta información permite una planificación eficiente y una mejor posición en los mercados.

-¿Qué diferencia a la semilla certificada del grano acondicionado?

La semilla certificada la podemos definir como aquella que es producida y comercializada con arreglo a la normativa vigente. Esta normativa establece una serie de requisitos y controles, tanto en la producción como en la comercialización, que garantizan la calidad de la semilla que será puesta en manos del agricultor.

Los cuidados, requisitos y controles los establece la Administración para preservar su calidad, como consecuencia de aplicarse una normativa universal y directivas comunitarias. A grandes rasgos, podemos decir que su regulación y coordinación corresponde el MAPA, y la ejecución y control corresponde a las administraciones autonómicas.

La semilla certificada responde con toda garantía a una serie de parámetros controlados por la administración, controles que van desde la parcela de cultivo hasta el precintado del saco o el lote de semilla certificada a granel entregado al agricultor, pasando lógicamente por la semilla base como garantía de la conservación varietal, y garantizando que la semilla certificada cumpla, entre otros parámetros, unos mínimos establecidos por el reglamento técnico de control y certificación para cada especie, entre los que podemos destacar: porcentaje mínimo de germinación; porcentaje mínimo de pureza específica; porcentaje mínimo de pureza varietal; contenido máximo de semilla de otras especies; contenido de semillas atacadas por enfermedades (carbón, tizón); y porcentaje máximo de contenido de humedad.

Como consecuencia, la producción de semilla certificada garantiza que se haya efectuado un riguroso control sobre unos parámetros que condicionan este medio de producción tan determinante en cualquier explotación agrícola. Este control queda acreditado con la presencia de unas etiquetas identificativas, que son expedidas por el organismo autonómico competente de cada CC. AA., y que contienen, al menos, la siguiente información: encabezamiento con las siglas de España y mención del organismo oficial responsable; la inscripción “reglas y normas CE”; número de referencia del lote y número de etiqueta; especie, variedad y categoría de la semilla certificada; país de producción; fecha de precintado; peso declarado o número de semillas.

Además, los productores de semilla certificada deberán hacer constar la siguiente información: nombre del productor de la semilla; porcentaje de pureza específica; porcentaje de germinación; y producto activo del tratamiento fitosanitario aplicado y posible toxicidad.

A diferencia de la semilla certificada, el grano acondicionado lo podemos definir como aquel material de reproducción que es producido por el agricultor, procedente de su propia cosecha con destino a la siembra en la propia explotación y que tuvo su origen en la adquisición de semilla certificada en una campaña anterior. El reempleo de granos para siembra debe ser a título individual, quedando excluido todo uso compartido. Estas partidas de granos para siembra no pueden ser objeto de comercialización.

El servicio de acondicionamiento de granos para siembra debe ser prestado únicamente por entidades autorizadas por el organismo competente de cada CC. AA., quedando reflejado en el registro oficial.

-¿Cómo ayudan los obtentores a los agricultores?

Los obtentores son compañías y centros públicos dedicados a la generación de valor añadido en el sector agroalimentario a través de la investigación, el desarrollo y la explotación de nuevas variedades vegetales. Gracias a este trabajo son puestas en el mercado nuevas variedades que permitirán a los agricultores disponer de nuevas herramientas para poder incrementar la rentabilidad de sus explotaciones.

La obtención y desarrollo de nuevas variedades persigue aumentar la producción y adecuar la calidad a las demandas del mercado. Es un trabajo a medio y largo plazo debiendo los obtentores anticipar la solución a las necesidades que se puedan plantear a diez años vista.

Los programas de mejora genética en cereal van encaminados a conseguir una serie de objetivos comunes: incrementar rendimientos (la media en España es de 30 Kg/ha/año); resistencia a enfermedades; adaptación a distintas zonas de cultivo. En el caso de España es un reto importante como consecuencia de la gran heterogeneidad que tenemos en clima y suelos; mejorar calidad nutricional y organoléptica. Se establecen nuevos usos y procesos industriales por lo que la obtención de variedades debe adaptarse a las necesidades del consumidor, respetando las normas de seguridad alimentaria y todo ello sin alterar el sabor.

Otro aspecto a tener en cuenta por el sector obtentor son las condiciones climáticas cambiantes, principalmente en lo relativo a precipitaciones inestables; incremento de las sequías; golpes de calor; incremento de la influencia de la latitud. Se observa un acortamiento de ciclos vegetativos de 4 días por cada 10º latitud. Estando situada España entre los 36ºN y los 43ºN, hay un riesgo de acortamiento del ciclo de 15 días frente a las fechas habituales; influencia de la modificación del porcentaje de gases de efecto invernadero (CO2 y O3) en los procesos de síntesis de la planta.

Teniendo en cuenta lo anteriormente citado, el obtentor precisa obtener y desarrollar variedades con las siguientes características: más precoces a espigado; llenado del grano más rápido; índices de vernalización más reducidos; ciclos vegetativos y reproductivos más cortos pero manteniendo la resistencia al frío; más eficientes en el uso del agua; resistentes a altas temperaturas y al estrés hídrico.

Y todo ello debe llevarse a cabo sin generar caídas en el rendimiento alcanzado, por lo que los obtentores tienen por delante un complejo e importante reto.

En la actualidad, los genes más buscados son aquellos relacionados con la vernalización, la longitud del día, la precocidad, el semienanismo (mayor índice de cosecha), el ahijamiento y la fertilidad de la espiga.

Por tanto, debemos incidir recordando que cada nueva variedad en el mercado requiere mucho tiempo y recursos económicos, debiendo garantizar la sostenibilidad en el tiempo de los programas de mejora genética y dotarlos de recursos suficientes, y todo esto pasa por el uso de semilla certificada y respeto de los derechos del obtentor.

-En los últimos años, el uso de semilla certificada ha ido aumentando. ¿A qué cree que se debe?

Se están llevando a cabo importantes acciones de comunicación encaminadas a dar a conocer las bondades de la semilla certificada y las ventajas de su utilización frente al grano a la semilla de granja o grano de reempleo para siembra. El agricultor sabe que el mayor éxito de la cosecha es consecuencia de haber empleado el mejor material de reproducción en la sementera, y éste es, sin duda, la semilla certificada, siendo un producto de calidad de primer orden, estandarizado y de reconocimiento internacional, estando su calidad garantizada por el doble control ejercido, tanto por la empresa productora como por el organismo oficial responsable, ofreciendo este control unas garantías en relación a su origen, trazabilidad, homogeneidad, pureza específica, pureza varietal, germinación, ausencia de otras semillas no deseadas en la siembra, sanidad, humedad, etc.

Además, desde hace años se está incrementando la utilización de semilla certificada a granel o en envases de gran capacidad (big-bags). En base a este modelo, el agricultor puede cargar la semilla certificada a granel en su remolque y posteriormente volcarla en la sembradora sin haber tenido que manipular los sacos tradicionales de 40 Kg, con la consiguiente reducción de esfuerzo, tiempo y dinero empleados.

También ha sido determinante la persecución de las infracciones a la normativa de semillas y contra los derechos de obtención vegetal. La vía judicial debe ser la última acción a tener en cuenta porque supone, en definitiva, confesar el fracaso de otras políticas para promover el uso de semilla certificada y la mejora en la calidad de nuestra producción. Sin embargo, debemos recordar que la infracción de los derechos de los obtentores constituye un delito, análogo a la violación de otros derechos de propiedad industrial como las patentes o las marcas registradas. Ciertamente, observamos cómo muchos operadores y agricultores tienden a veces a minusvalorar la importancia de estos asuntos y la seriedad de las infracciones que se cometen. Desde este punto de vista, es posible que algunas acciones legales puedan servir para concienciar a dichos operadores y agricultores sobre la gravedad de las infracciones que se puedan cometer, y disuadirles de continuar con las malas prácticas en la producción, comercio y uso de semilla ilegal.

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